Mourinho Pons existe, lo siento

– Son las ocho de la mañana, llego el primero al ‘desayuno de la semana’ en  Can Miquel y me pongo nervioso sólo de pensar si me he equivocado de día. ¿Hoy es jueves o viernes? He de tranquilizarme porque recuerdo claramente cómo Tere ayer me dijo aquello que suena tan bien: Mañana, ‘desayunete’, ¿eh?

Ya recuerdo… hoy es viernes todo el día y mañana sábado y… claro, juega Eric en Ciudadela. ¿Por qué cuando decimos los mahoneses que tenemos que desplazarnos a Ciudadela se nos pone cara de tener que viajar a la otra parte del mundo? Buena gente en Ciudadela… me acuerdo de Cote, que jugó en la Unión e hice la mili con él… hace años que no tengo noticias de Cote… buen tipo Cote…

Bon dia.

Bon dia. Menos mal que has venido, porque pensaba que me había equivocado de día.

– ¿Estás bien?

– Sí, ¿por?

– Por cortesía.

– ¡Ahora me he acordado! Se llama Cote Juaneda…

– ¿Cote Juaneda?

– Un compañero, un amigo de fútbol-mili del que hace años que no sé nada y que reside en Ciudadela. Antes de que llegaras me entretenía pensando en cosas, en personas, en situaciones… Por cierto, ¿te vienes conmigo mañana sábado a ver a Eric cómo juega en Ciudadela?

Sorry! Tengo hora en la ‘pelu’…

– Eso se lo dirás a todos.

– Sabes que si puedo me llego a verlo, pero por una parte, y no hablo concretamente de los del equipo de tu hijo, escuchar a ciertos padres jugando a ser entrenadores y a entrenadores jugando a ser técnicos de primera, forman un combinado único y perfecto para remover la bilis a cualquiera.

– ¿No lo dirás por mí?

– Lo digo por ti y por cualquier energúmeno que exija a su hijo que ganar es el objetivo principal del juego y que, por tanto, justifica los medios para conseguir derrotar al contrario.

– No te falta razón. No puedo hablar por los demás padres, pero yo, como el café, me he ido quitando visitas a las sesiones de entrenamiento y procuro evitar jugar a ser entrenador. Aunque en algunas ocasiones no comparto decisiones técnicas, respeto su trabajo e intento fomentar conversación con mi hijo de cualquiera de esas cosas que son ilógicas desde la grada.

– Mira, yo no entiendo si un niño ha de jugar de defensa, delantero o portero, pero entiendo que si acaba el entrenamiento llorando es que aquí pasa algo.

– La pediatra Silvia Ereño me decía que la estadística por lesiones en esa edad cercana a los trece y/o catorce se había disparado y que los entendidos en el tema lo achacaban al mayor esfuerzo que han de realizar los adolescentes con respecto a los exagerados niveles de exigencia a los que son sometidos.

– Viví una situación desagradable, posiblemente pase una larga temporada sin mi particular sesión de cantera. Un entrenador, por llamarle algo, se dirigió a un chaval de una forma que había para…

– Debería haber una concienciación general en la que hasta cierta edad se aplicaran conceptos básicos, parar y ceder, y poca cosa más. Deberían tener en cuenta a chavales que vienen de familias desestructuradas, que tienen problemas familiares, con los estudios en la cuerda floja… un abanico ‘encantador’ de problemas para que cuando tienes un rato de disfrute gracias a esto del fútbol venga un…

– ¿Mourinho Pons?

– ¡¡La clavaste!!

– Bueno, ¿vamos pidiendo?

– Cuando quieras…

– Por cierto, ¿sabes algo de Manolo Gálvez, Ana Beltrán…?

– Sí, que nos envían recuerdos.

– Gracias.

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