Amaban la vida

– Hola, bon dia.

– ¿Te puedo hacer una pregunta?

– Puedes hacerla, pero primero has de corresponderme el saludo.

– Lo siento, bon dia. ¿Puedo ahora?

– Me arriesgaré, pero por tu mirada y tono de voz, me temo lo peor. Así que, dispara cuando quieras…

– Me da la sensación de que esta vida, que estamos condenados a padecer, es realmente la muerte y que la vida se encuentra cuando nos vamos ‘al otro barrio’…

– 10, 9, 8, 7, 6, …

– ¿Qué fas?

– Estoy contando hasta diez antes de contestarte, porque no sé si tu pregunta es de un existencialismo tan inoportuno como filosófico o la tomo en plan de broma y te digo que efectivamente, somos el producto del sueño de Morfeo.

–  Si lo prefieres, dejamos el tema… comenzamos a pedir los ‘bocatas y cafeletes’ y nos ponemos con la climatología, ¿vale?

– En absoluto. Te diré que todos tenemos nuestras particulares respuestas a preguntas de: de dónde venimos y adónde vamos, entre otras, y que obviamente son el producto de cómo te está yendo tu particular vida personal en lo que muchos, por no decir todo el mundo, habla de valle de lágrimas, particular ‘via crucis’.

– Quiero pensar, también, que en momentos concretos las cosas se ven blancas o negras y que en otras, como el título de la película: ‘azuloscurocasinegro’

– Todo esto está muy bien, pero la diferencia entre lo que propones y la climatología  es abismal, ¿no te parece?

– En realidad no es a esta plaza donde quería llegar, pero he tomado un atajo…

– Pues eres un artista sin el callejero en las manos.

– El tema que quería comentar, y quizás de ahí mi mirada seria y cara de cabreo mayúsculo, es que Cecilio nos ha dejado definitivamente.

– Me lo dijeron en el ‘super’. Una pérdida lamentable, no hay duda, pero si se confirmara tu planteamiento, nos ha dejado aquí para  irse a una vida mejor, ¿no?

– Más que un planteamiento, supongo que es un deseo en voz alta.

– En cualquier caso, que en gloria se encuentre.

– En  estos casos, en aquellos en los que un amigo se va, no me embarga la duda de dónde puede encontrarse. La verdad es que no, no pierdo el tiempo.

– ¿En qué quedamos: Te haces o no preguntas?

– En esos momentos prefiero ser agradecido con la vida. Agradezco profundamente haberme topado con él, de conocer una persona de su talante, cariñosa, con una broma por compartir, con sencillez… la recuerdo así, incluso haciéndome partícipe de un pedazo de su jornada cuando decía ‘voy a casa de mi hija a comer el menú’, o cuando paseaba con ‘Boya’…

– Es cierto, Cecilio era así como dices.

– Si me lo permites, un último apunte al respecto. Hace algunos meses le entrevisté y me impresionó el amor que profesa a su mujer…

– Enviudó hace un montón de tiempo, deberías decir profesaba…

– En absoluto. Cecilio sufría, durante la entrevista, una metamorfosis espectacular cuando hablaba de ella. Daba la sensación de que el tiempo no había transcurrido, que apenas hacía dos horas que la había perdido. Sus ojos se humedecían, su mirada era confusa, su voz se apagaba… estaba resignado a su particular leyenda personal, vivía todavía aferrado a su historia de amor… única, irrepetible…

– No deberías dejar que las experiencias con tus entrevistados  te afecten.

– Puede que tengas razón, pero desde hace algún tiempo sólo entrevisto a amigos, y sí, por supuesto que me afectan sus circunstancias.

– Pues tienes un problema al que tendrás que poner solución. Lo sabes, ¿no?

– La tengo.

– Pues dime la fórmula.

– Intentaré cada día ser agradecido con la vida, ya que ha puesto en mi camino a seres tan maravillosos como Cecilio el sereno, el abuelo Rochina y su hija Ana, mi amigo Miguel Llopis, l’avi Toni, el tío Juan, mi primo Nando, mi suegro Liberto y mi cuñado Ier, Camilo Veiga, por supuesto mi madre y así una lista de familiares y amigos interminable. Todos ellos maravillosos, maravillosamente excepcionales con sus virtudes y sus defectos, pero a fin de cuentas, con un denominador común.

– Me la veo venir.

– Amaban la vida, esta vida, la vida que conocemos, la que disfrutamos y padecemos… la vida que da vida.

– Vale, vale… déjalo aquí.

– De acuerdo, pero permíteme que dedique este blog a todos aquellos que nos enseñaron, cada uno a su manera, a amar la vida.

– Al final me has convencido.

– Venga… llama a Miguel y que nos seduzca con sus bocatas y cafelotes…

Molt bé.

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