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Manolo, me debes un “cafeloti”

lunes, agosto 23rd, 2010

– Hola Miquele, buenos días.

– Hola Rafa, buenos días… te acompaño en el sentimiento.

– Gracias Miquele…

– Supongo que estás mal, ¿no? Tus hermanas… tu padre, tu…

– Supones bien… sin embargo estas circunstancias te invitan a la reflexión.

– Lo que tú quieras, Rafa, pero verle la parte positiva al fallecimiento de un cuñado, joven, con expectativas todavía… no sé, me parece… imposible.

– La primera es la aceptación de una circunstancia de la vida.

– Filosofía barata. Lo cierto es que la vida te la ha vuelto a jugar…

– Es cierto, quizás el resultado de la partida no haya sido ni deseado ni esperado, pero el juego te deja altamente satisfecho.

– Lo siento, Rafa, filosofía barata…

– Dime, Miquele, tú debes haber crecido con un hermano mayor cerca de ti, haciendo deporte con él, confidencias, trabajando juntos con bromas de hombres sobre la anatomía femenina de muchas de las clientes, risas, muchas risas, muchísimas risas… llantos, muchas lágrimas…

– Bueno, Rafa, siendo así…

–  Me dice un amigo que ‘los hombres nos hacemos a base de palos’, pero con Manolo junto a mí, los palos fueron diferentes. No sé, son tantas las vivencias que se agolpan en mi mente que no sé qué recordar en concreto, sólo que siempre que me caía, él estaba ahí para darme la mano.

– Pero habrá una que…

– En realidad hay dos. La primera tiene que ver con la vida y se produce cuando le hice la confidencia de que Àngels, mi mujer, se encontraba embarazada de mi hija Silvia. La segunda, la muerte, ya que él se estaba junto a mí cuando falleció mi madre.

– Empiezo a entenderte.

– Me dicen que se lo ha llevado una tal ‘ela’, familia de la esclerosis, pero yo no me lo creo. ¿Sabes?, Manolo se ha ido porque tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Cuando estaba en su esplendor, es decir quejándose de la comida o de cualquier gilipollez impensable e inimaginable, salía aquella persona que llenaba la fiesta sin necesidad de copas de vino, sabía a quién y qué broma hacer en el momento oportuno, sabía de guitarra y cantar… sabía escuchar y aconsejar. Me gustaría que me dieran un euro por cada persona que entró en la ferretería de ‘sa costa d’en Ga’ en busca de auxilio.

– No sé qué decir, Rafa.

– Lo que tú quieras, Miquele, pero por favor, no de filosofía barata.

– Entiendo.

– Sin embargo yo no entiendo que ‘Mela’, así llamaba a mi hermana Carmen, se quede sin envejecer junto al hombre de su vida, ni que Marta y Carlos le hayan podido laurear con el título de abuelo y no puedo entender que ese castillo de naipes en forma de proyectos e ilusiones se haya derrumbado.

– Quizás, Rafa, tengas razón cuando hablabas de la aceptación de las cosas de la vida.

– ¿Filosofía barata?

– No seas cruel conmigo…

– Deja que te diga algo, Miquele. Creo de forma firme que Manolo se encuentra en un lugar infinitamente mejor que éste y, escucha bien, si le dieran la oportunidad de volver, diría que no. Hace algunos días le dijo a Tere que pronto se convertiría en una mariposa y podría volar, sin estar esclavizado a un cuerpo prácticamente inmóvil.

– Venga, Rafa… esperamos a Carmen, Tere y tu padre a que vengan para ir preparando los desayunos.

– Lo siento, Miquele, hoy no están ni mis hermanas y padre, ni hay ‘bocatas’, ¿vale? Sólo buscaba un rato de compañía.

– O.k.

– Por cierto, ¿tú sabrías prepararme un ‘cafeloti’(1)?

– Algo me dice que el tipo de ‘cafeloti’ que tú deseas tendrá que esperar.

– Es cierto. Algún día me tomaré otro ‘cafeloti’ con Manolo y tendremos muchas cosas de que hablar… de la ‘ferre’, de Carmen, Marta y Carlos, de las ‘mortadelas de mi padre’, del tamaño de los mocasines, de dietas y yogurts desnatados…

– ¿Y de mujeres? ¿No hablaréis de mujeres?

– Hablaremos de una canción cuya letra decía algo así como “y por la noche haremos lo de siempre”…

– O sea de mujeres.

– Manolo, hablaremos algún día y tomaremos juntos un ‘cafeloti’.

– …

– Ostias, ¿alguien ha dicho ‘vale, pero lo pagas tú’?

P.D.: Sólo cuatro palabras: Gracias, Manolo, te quiero.

(1) Cafeloti: Dícese de aquella maravilla caliente que nos preparaba Manolo Escalona, mientras de fondo escuchábamos a Juanita Roca en la Cope cómo hablaba de las piezas de queso del predio Son ‘X’ o un tal Steve Blame en la MTV… era una excusa como otra cualquiera para decir ‘stop’ al trabajo y vivir nuestra vida… sencillamente nuestra vida.