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Hey Julio … todo sigue igual

sábado, enero 15th, 2011

– Hay cosas, Miguel, que por muchas hojas que pases del calendario, son siempre iguales.

– Te advierto que no estoy para filosofía barata…

– Sólo pretendía que me sirvieras un descafeinado de máquina… como siempre.

– Lo siento… lo siento, pero no te creo.

– ¿Tan bien crees conocerme?

– Son típicas en ti dos cosas. La primera no pedir nada antes de que lleguen tus hermanas y padre.

– Miedo me das con el segundo argumento.

– Tu segundo topicazo es filosofar sobre algún tema de relativa actualidad hasta que llegan ellos.

– ¿Te refieres a hablar del clima y esas cosas?

– No es una amenaza, pero sí una promesa: Como me saques el tema de la climatología de la jornada, te enseño el cartelito de “Reservado el derecho de admisión”.

– Pues sí que llevabas escondido este nubarrón…

– Que los entendidos lo llaman “neura”, pero yo simplemente lo llamo manía.

– Espero que no tengas muchas “neuras versus manías” porque alguien que trabaja en un bar y debe mantener el estatus de relaciones públicas de su negocio, debe asumir su rol de camaleón y comportarse educadamente ante un señor vestido con chándal o de traje, ante una trivialidad o alguien que espera un consejo o que le escuchen…

– Tú lo has dicho… definitivamente soy y quiero ser camaleón.

– …-

– … Hola buenos días… por decir algo porque hace un frío que te congela las pestañas y el paladar…

– Hola buenos días y feliz año. Sí, es cierto, hace un frío del “cabizbajo”…

– Miquel, un par de cosas ahora a ti. Primera, no es un frío del “cabizbajo”, se dice un frío del… camaleón. Y en segundo lugar, cuando dejes la barra del bar,  dedícate a ser actor…

– ¿Podemos saber de qué habláis?

– Es una conversación encriptada que no sé muy bien lo que significa, pero queda muy “chic” decirlo.

– Seguro que estabais hablando de mujeres y además en plan crítico.

– Exacto, la verdad es que la has clavado. ¿Pedimos?

– Nosotras queremos lo de siempre. Café y bocata calentito…

– Yo también quiero lo mismo…

– Así pues… la vida sigue igual… ¡¡Hey, güea!!

– ¿Qué fórmula matemática o de cualquier índole dice que el cambio de año es sinónimo obligatorio de cambio?

– Digamos que es una buena línea entre oficial y oficiosa para provocar una metamorfosis personal.

– ¿Cambios? O sea, me matarían antes de obligarme a montar en globo, pero como ya pasó el 2010, el 2011 me invita a hacer cosas que detesto.

– La cosa no va por ahí. Seguro que en “tareas pendientes” tienes dejar de fumar, la dieta, aprender inglés… ¿Te suenan los propósitos?

– No importa que sigas. Claro que tengo en mente aprender inglés porque dejar de fumar lo hice hace dos décadas.

– Entonces el 1 de enero es el punto de inflexión para comenzar tus clases de inglés.

– Vale, pregunta. ¿Por qué no lo hago a partir del 24 de junio, por ejemplo?

– Porque es San Juan y lo que toca por aquel entonces es ir a Ciudadela y desmadrarse.

– “Justament”.

– No quiero extenderme, pero la cosa va tal que así. El inicio del propósito de enmienda es igual a la dosis de necesidad que tengas por ello, sumado a las posibilidades económicas y de horario disponible.

– ¿Sabes una cosa? Que me acabas de convencer. Lo de la dieta, lo de dejar de fumar, hacer “footing” por el puerto, aprender inglés, y todo lo que tengo en la carpeta de “tareas pendientes” lo voy a enviar a la “papelera de triturados” y abriendo otra de forma exprofesa a la estricta y escrupulosa disciplina de la cultura menorquina del “poc a poc”, lo llevaré a la práctica sin esperar el cambio de un año a otro. un eclipse lunar, o un tsunami.

– Pero lo vas a hacer, verdad que sí, ¿no?

– Pues claro, pero ahora el eslogan va a ser otro muy diferente.

– Uff, miedo me das.

– Facilísimo, mi nueva vida vendrá marcada por “doce meses, doce causas”.

– ¿Y vas a empezar todo esto en 2011?

– Ya no puedo, el año ha comenzado y me faltarían días para cuadrar mis causas.

– ¿Has pensado en la posibilidad hacer del camaleón tu mascota hogareña?

– Imposible. Ya serían trece causas, y yo por si acaso soy supersticiosa.

– Vale, vale, vale… pero si  veis a Julio le comentas de mi parte que la vida sigue igual..

– ¿Julio? ¿Qué Julio? ¿Julio Iglesias?

– Por supuesto

– … ¡Hey, weaaa¡