Me lo explique como si tuviera 4 años, por favor

Llevo un cuarto de hora esperando que abran el chiringuito cafetero matutino y, también, que llegue el resto de la familia. Y ni lo uno ni lo otro, ni ‘flowers’. Mi soledad no deseada hace que el interruptor paranoico, esa conversación con tu otro yo imaginario, haga ‘click’ y comience a revolucionar la información como si fueras ‘E.T’. El día es correcto, el lugar… por qué me pregunto el lugar si siempre vamos al mismo sitio. Reviso el móvil y no hay mensajes: sin noticias, buenas noticias… Sí, eso dicen, pero aquí estamos un servidor y yo hablándonos en una conversación propia de besugos… Por cierto, ¿a qué huelen las nubes?, ¿de qué hablan los besugos?…

Jolines, voy a coger frío si pronto no me inyecto una buena dosis de descafeinado ‘light’… en fin, seguiré esperando con la incipiente ansiedad del mono cafetero descafeinado ‘light’ a mis espaldas y hablando, hablando conmigo mismo pero conversándome de cosas que ya sé, pero que ponen un pedacito de algodón y esparadrapo a ese rasguño llamado soledad.

Por un momento siento vergüenza, miro alrededor de nosotros dos, yo y mi otro yo, por si alguien se ha dado cuenta de que he soltado una carcajada… sí, ya sé que es fuerte, pero me cuento cosas que ya sé y me hacen gracia… Otros coleccionan discos de Perales y como lo llevan tan en secreto no se entera ni su otro yo. Pues yo no, quién dijo miedo: si hay que reírse solo pues… pues eso.

Me encontraba anoche en la cola de un comercio de ‘fast-food’ o comida rápida. En realidad yo era el último y estaban atendiendo a una señora joven, veinteañera diría yo, con un hijo de apenas dos años en el cochecito. Encuesto la conversación empezada y más o menos transcurre así:

–Dependiente: Así pues, le pongo McApple XXL con patatas medianas o prefiere Menú Infantil XL con patatas pequeñas?

–Señora (levemente pálida): ¿Qué diferencia hay entre uno y otro?

–Dependiente: Noventa céntimos. El menú es más caro.

–Señora (el nivel de palidez se mantiene): Bueno, yo lo que quiero es que tenga juguete, para mi hijo, sabe, y que sea muy ruidoso.

–Dependiente (todavía no ha sonreído ni creo que entre en sus planes hacerlo): Muñeco ruidoso no entra con McApple XXL con patatas medianas o Menú Infantil XL con patatas pequeñas…

–Señora (automáticamente se le ha encendido el botoncito de ‘nivel de palidez rozando el máximo’): ¿Qué entra con ‘muñeco ruidoso’ y por cuánto?

–Camarero (definitivo, es un clon de Terminator): Si usted desea algo que entre un ‘muñeco ruidoso’ tendrá que ser un  MacPPhuLe con patatas grandes, 3,45 euros o bien un Menú Cadete Mini que vale… 3,45 euros también…

–Señora (su hijo ha comenzado a llorar, por lo que paso por alto lo de la palidez): ¿Mac qué o Menú qué… qué es eso?

–Terminator (uy perdón, el camarero): MacPPhuLe con patatas grandes, es una hamburguesa con lechuga y mahonesa y el Menú Cadete Mini es pollo empanado.

–Señora (continúo sin comentar su palidez): Ah, bueno, ahora entiendo, entonces póngame un Menú de MacPPhuLe talla cadete… y no se olvide del muñeco,  ¿eh?

–Camarero (ahora el pálido es él): Señora, ¿MacPPhuLe o Menú Cadete?

–Señora (con cara blanca nuclear): Le he dicho que quiero una hamburguesa de pollo empanada con…

–Camarero: Si señora, con muñeco muy ruidoso…

–Señora (cara trasparente): Bueno, muy muy ruidoso tampoco, que haga brrrrr o tuc-toc muy seguido…

–Camarero (frente a la registradora táctil y ojos desorbitados): 3,45 euros, señora, por favor.

–Señora (revuelve el bolso como si estuviera la lavadora a modo de centrifugado. Al final, paga): Oiga, mientras espero me podría dar el muñeco, ruidoso por supuesto, para que mi hijo se entretenga…?

–El camarero, que ya se ha dado cuenta que no será un buen día para comprar un cupón, se ausenta en busca del muñeco diabólico y… sorpresa: Señora, lo siento, pero hemos acabado los muñecos ruidosos… pero le puedo dar un tarzán  –mudo, por cierto– o bien…

–Señora (milagrosamente ha recuperado el color de sus mejillas): Es igual, no tiene importancia ya… mi hijo se ha dormido.

Aquí, precisamente aquí, me doy cuenta de que ha de haber una cámara oculta. Esto no tiene explicación racional. Busco mi perfil menos malo, me tiro hacia abajo la camisa y me aseguro de que la bragueta está cerrada….

La señora incolora agarra el pedido con una mano, el carrito del niño con la otra y sale disparada: Adiós, buenas noches.

Ahora llega mi minuto de gloria cinematográfica.

–Camarero: Buenas señor, ¿Qué le pongo?

–Entonces yo le contesto al Terminator: Sayonara baby, ponme lo que quieras y puedes ahorrarte el muñeco diabólico…

–Camarero: Vale pero… ¿Con  patatas y pepinillo…?

Mira por dónde que sólo imaginarme el pepino voy y me despierto. Menos mal… menos mal por la señora porque a mi el pepino con dejarlo en el borde del cartón, asunto solucionado. Pero la que me tenía preocupada era la señora. Igual una de estas noches sueño la segunda parte de la película ‘Terminator, explícamelo como si tuviera 4 años, plis’

Bona nit i bon profit.

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