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Crecer entre hábitos, pero cuidado con el que llevas puesto

jueves, noviembre 10th, 2011

Quiero vuestro apoyo, incondicional, sin rasgarnos las vestiduras y creo que podríamos crear una presentación de diapositivas explicando la historia y que en la última se incluyera la posibilidad, bajo un epígrafe que dijera más o menos tal que: ¿Qué hábito habita en usted?

-No tengo ni  idea de lo que estás diciendo, pero tú sabes que tus majaderías siempre cuentan con nuestro apoyo, ¿verdad?

-Me sabe muy mal que no me toméis en serio. Generalmente pongo sobre la mesa de desayuno temas de trepidante actualidad con el objeto de abrir debate. Pero… joder! Es difícil que me atendáis a la primera…

-Quieto ‘parao’. Sabes perfectamente que nunca nos hemos reído de ti… bueno, sí… una vez. Aquella vez que nos contaste que habías quedado el segundo en una carrera que competíais dos atletas (¿). Y como supongo que ya estamos perdonadas, ‘tira petit que se fa tard’.

– Bueno, os lo cuento porque soy un buenazo y paso de ‘cabrearme’, aunque el tema tiene delito…

-Si sabes de un atajo, mejor.

-Oigo en Onda Cero Menorca/noticias que un juez de Texas, un tal Adams, propinó una paliza a su hija, una tal Hillary, por bajarse música de Internet. Al juez de menores no le va a ocurrir nada puesto que el suceso ha prescrito, y el muy c… argumentó que, primero, no había sido para tanto y, segundo, que se trataba de un ‘castigo por robar’. Todo ello fue conocido estos días a través de un vídeo en ‘youtube’ que a escondidas grabó la menor y que solamente ha tenido 2,5 millones de visitas.

-El tal Adams es de la familia de los Adams… vamos, de los dibujos animados… ¿Digo?

-Yo no le veo la gracia por ningún lado…

-Sabes una cosa, en ocasiones no sé si hablas en serio o en cachondeo, pero esta vez no tengo la menor duda: te quieres quedar con nosotras.

-Leo los periódicos, escucho los noticiarios televisivos, sintonizo la radio, estoy atento a los foros de opinión, los blogs, las tertulias y por fin, cuando acaba el día, me acuesto y comienza la descomprensión de todo lo que he podido ver y escuchar. Ahora, pues, medito.

-Jolines, qué profundo.

-No creo, ya que pienso que eso lo hacemos todos, pero de diferente manera. A lo que iba. Reflexiono y me digo qué pasaría, llegado el caso,  si me tuviera que juzgar el tal Adams.

-Supongo que –fuera el motivo que fuere- te diría “Sr. Ayala aquí tiene usted una pistola con posibilidad de diez balas. Sólo he puesto una, por lo que le condeno a  jugarse la vida a la ‘ruleta rusa’…”

-Protesto, señoría. ¿Puedo argumentar mi protesta?

-De poco le va a servir, pero hágalo flojito, no sea que vaya usted a despertarme… ¿eh?

-Veamos. Mis padres me educaron entre rutinas, hábitos de buenas costumbres. Si buscamos el significado de la palabra hábito nos encontramos que o bien es ‘una manera de actuar adquirida’ o bien ‘una vestimenta’. En cualquiera de ambos significados, usted como yo fuimos educados correctamente, pero el que lleva puesto, el hábito material que le cubre sus vergüenzas, y nunca mejor dicho, que le otorga potestad para discernir lo que está bien y mal, dictar sentencia, etc… está claro que ha sufrido una leve distorsión entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto… la normalidad y la locura…

-Pasaré por alto que sutilmente me ha llamado loco. ¿Buscó la palabra ‘hábito’ sin hache en su diccionario, Sr. Ayala?

-Sin fortuna, señoría.

-Bueno, pues lo que le dije al principio: le condeno a la ruleta rusa y que tenga suerte y si la supera, un buen día. He dicho.

-Pero señoría… ¿Me puede decir qué va ganar con todo esto?

-Alimentar mi ego, mi minuto de gloria en el noticiario mejor ubicado  el ‘prime time’, ser titular…

-¿Titular, dice? Sí, pero no de mi equipo…

-Quiere hacer el favor de dispararse de una vez, no ve que tengo muchos casos sobre la mesa por desvariar… además, estoy pensando que Nerón rima con __hón, ¿No? Voy a ver si me animo y un día de estos, después de darle un par de ‘yoyas’ bien dadas a mi hija, le pego fuego a una petición que tengo sobre la mesa de una localidad que no se ponen de acuerdo con una maldita hache de por medio y me gano otro titular.

-Señoría, la última… por favor.

-Recuérdeme que el próximo día ponga nueve balas y una sin cargar.

-Se abre el telón y sobre el escenario aparece usted. ¿Cómo se titula la película?

-‘El gran emperador’, ¿verdad?

-‘Los dioses deben estar locos’, en versión corregida y mejorada gracias a usted… por supuesto.