‘Tiene derecho a permanecer en silencio… absoluto’

En cierta ocasión, en los postres de una opípara cena, algunos compañeros hicimos creer a un joven veinteañero que yo tenía la capacidad, heredada de un historial de antepasados ermitaños y brujas, de interpretar los sueños. Hace unos días recibí una carta de Felipe –llamémosle así-, quien me contaba que el sueño -¿pesadilla?- que venía padeciendo las últimas semanas le tenía intranquilo. El ‘marrón’ o patata caliente esta sobre mi mesa y no sé qué puedo hacer. Su carta, extractada, dice que el sueño se desarrolla así:

“…no llegaré, no llegaré… se me va a escapar, qué vergüenza…uf, uf, uf…  bajo de tres en tres los escalones de una interminable escalera, abro la puerta de los lavabos del sótano del Claustro del Carmen y… oh,  sorpresa. En su interior me encuentro un despacho con tres señores. Parecen clones, van vestidos iguales de abajo a arriba: mocasines negros tanto como los calcetines, pantalones tejanos con roturas provocadas en sintonía a una moda que jamás comprenderé, camisas de manga larga y color fino y diferente las una de las otras. Los tres engominados hasta las pestañas me miran fijamente para luego buscar –supongo que mi nombre- en un listado en que, no me pregunten por qué, desearía no figurar. Silencio sepulcral y de repente…

–  Lo encontré, las iniciales son F.H.G y es el 5656.

Mientras los clones del chivato asienten conformidad con sus listados, me doy cuenta de que mi irresistible necesidad de orinar se ha calmado pero ahora mi deseo de saber es tan importante como lo era antes la necesidad fisiológica. Si recuerdan lo que decía el amorfo protagonista cinematográfico E.T. ‘Necesita datos, dame más datos’, pues eso, en esta tesitura me encontraba y cuando iba a preguntar, un clon tomó la palabra, aunque mejor y más guapo estaba calladito, jolines.

– FELIPE, señor HERNÁNDEZ –dijo-, tiene derecho a permanecer en silencio absoluto. Le informo que hace exactamente ocho minutos, casi nueve, acaba de fallecer.

Obviamente, sin rasgarme las vestiduras, le informo al clon de que tiene que haber una confusión, que yo sólo quería orinar y que por esta circunstancia, por muy imperiosa y acuciante que sea, nadie pasa a mejor vida (¿).

Recuerdo una película de Summers en la que encierran un león en un cuarto de baño y mientras un ‘gancho’ va informando del peligro a los viandantes que pretenden utilizar las instalaciones. Se produjeron todo tipo de situaciones desde humor, miedo, pánico… por lo que una vez digerida la situación me dedico a pasar lista de los nominados a pegarles un buen tirón de orejas cuando la broma se destape.

– No hay broma ni bromistas, señor Felipe, simple y realmente su omega ha llegado. Que no se haya despedido de nadie, que haya dejado faenas sin terminar que, en definitiva su cuenta de ‘tareas pendientes’ figure asuntos sin resolver es lógico, pero debería saber cómo funcionan estas cosas…

– Oigame, ‘clonito’ espigado. Ustedes han manipulado la historia y esto no quedará así, porque mis abogados de Legalitas les…

– Señor Hernández, no sea ingenuo.

– ¿Ingenuo? Ustedes no deberían ir con tejanos sino con bata blanca, sólo tendría que ser uno y con barba, con un manojo de llaves para abrir las puertas del cielo o enviarme al infierno… ah, y llamarse Pedro.

– Vamos, y qué más…

– También me deben esos minutos que vemos un túnel blanco donde antepasados vienen a darte la bienvenida y donde en cinemascope y ‘stereo’, tu vida pasa a mil revoluciones por segundo… ¡No hay derecho, jolines! Hasta cierto punto tiene sus argumentos que el nuevo gobierno experimente cambios, pero este cuento se lo ha cargado… vamos si se lo ha cargado… no hay quien lo reconozca…

– Vamos, señor Hernández, despierte que ya no es un chaval y tendría que saber que… ¡¡¡ Despierta, Felipe, despierta!!! Ya está bien hombre, llevas una hora hablando con un clon, con San Pedro y no sé qué de una denuncia y que hablarás con Legalitas… si continuas con estos nervios un día de estos te da un ‘jamacuco’ y te vas al otro barrio.

– ¡¡¡ Qué susto, tía ¡!! Por un momento pensé que me había muerto, que estaba pasando el día del juicio final y que…

– Mira Felipe, el reloj marca las 2.50 de la madrugada y además, pregunto, en ese barrio que te encontrabas los hombres barrían y fregaban, planchaban, hacían la comida, cobraban un 35 por ciento más o menos por debajo de las nóminas de los hombres, parían los de vuestro sexo…

– Uff, cómo agota esa historia sólo pensarlo, quita, quita…

– Felipe, eso que te ha ocurrido, es una experiencia cercana a la realidad, sólo que vosotros necesitareis siete vidas masculinas para compararla con una femenina, ¿Comprendes?

– Ggggg, zzzzz, ggggg, zzzzz…

– Vale tío, que descanses y duermas bien…”

Moraleja: después de una comida donde las bromas se disparan como dardos envenenados, no subestimes a tus nuevos compañeros de cacería. Muy posiblemente Caperucita Roja deje caer su uniforme colegial de ‘lolita’ y descubramos que quien ha cenado entre nosotros, sigilosamente, ha sido el lobo feroz…

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