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Doctor, me duele el alma… ¿Qué puedo hacer?

Lunes, Septiembre 22nd, 2014

Tolo es un cachondo, siempre sabe qué chiste contarte o qué historia sacarse de la manga a colación de la conversación que se tercie en ese momento. Sin embargo el otro día me lo encontré, me dejó malhumorado porque aquella bandera del pensamiento permanente positivo que le precede se había tornado, en apenas dos semanas según me contaría, en la peor de las pesadillas. No será para tanto, pensé para mis adentros, pero le invité a un café y mejor hubiera elegido una ­tila…

Después de treinta y cinco años Tolo ha sido víctima de una ‘ere’, que aunque las iníciales coinciden nada tiene que ver con que le hayan entregado un Edredón Rojo Económico. Puesto de patitas a la calle por este ébola llamado Expediente Regulador de Empleo, las cosas se han ido enrocando y enquistando hasta que, dolorido en toda su anatomía, resolvió acudir a su doctor de cabecera.

Con ojos rojizos y lagrimosos, pero ofreciendo tintes cómicos que me hacen que no olvide aquel Tolo que siempre fue…

– Mira tú, me dolían músculos que desconocía que existieran. Llegó un momento que me decían buenos días y no podía contestar. Cuando por fin acudo al doctor, entre en su consulta, pego un salto sobre su mesa y le digo sin gritar y con aquella educación de los que fuimos a un colegio religioso, un lacónico ‘guau-guau’. Como le advertí insensible y para nada sorprendido con mi lamento, le repetí el mensaje por si no le había quedado claro: ‘guau-guau’.

– ¿Qué pasa Tolo?, ¿te quieres quedar conmigo o qué?, pregunté sin saber si me hablaba en serio o me tomaba el pelo..

– Veo que desconoces esta faceta de actor que desarrollo en casos extremos y que me interesan…

– Y esta vez te interesa ser un perro porque…

– Tengo 54 años, me han puesto de patitas en la calle amén de otros problemillas de carácter íntimo y personal. Solo pretendía que me considerara esquizofrenia, paranoia, locura transitoria o lo que fuera y ver si de esta manera tenía posibilidades de enganchar larga invalidez. ¿Un buen plan, no?

– Se me ocurren varias pautas médicas para tu sintomatología. Te podía ingresar en la perrera unos días, recetarte un bozal y un collar antipulgas, inyectarte la antirrábica… Tolo, por favor, sácame de dudas.

– Pues mira tú que va el galeno y me dice que soy el octavo paciente en lo que lleva de citas previas matutinas que confunde su consulta con el despacho que da acceso directo al Arca de Noé. Me han precedido un gato, dos pájaros, un caballo, un pavo real, una serpiente y una jirafa. Me diagnostica proceso de ansiedad leve grado 1, me pauta paseos por el puerto de Mahón, conversaciones con la sirenita Mô –recomienda en voz baja- algo de ejercicio tipo yoga o taichí, meditación, además de unas pastillas sin receta que se venden en establecimientos de golosinas y que responden al nombre de ‘balines de regaliz’. Antes de que lo preguntes, no me ha pautado ningún hueso.

– Todo un detalle. Y ahora, ¿en qué fase te encuentras?

– Condenado a malvivir, cabreado y la verdad es que no sé muy bien si cortarme las venas o hacerme extensiones del flequillo.

– Ese carácter ganador que siempre has tenido, del cual todos hemos explicado a otros amigos como ejemplo que eres, te sacará de esta mala racha que estoy seguro es transitoria.

– Sabes, amigo, que hay una diferencia aplastante entre la teoría y la práctica. Padecerla.

– No pienso darte la palmadita en la espalda, compadecerte y ayudarte a lamer las heridas. Solo espero que emerja el Tolo de siempre que nos vuelva a dar una lección a todos de superación, de amor a la vida. Sabes el número de mi teléfono, donde vivo, si necesitas una mano.

– Gracias, hermano…

Ha trascurrido un año de esta conversación y ayer me lo encontré por Es Carrer Nou. Tolo me inyectó una dosis importante de esa positividad que según dice él, todos llevamos en nuestro interior…

– Hemos de tener fe, sabemos que el triunfo final de aquello que es justo acaba imponiéndose… y justo es, por ejemplo, ser feliz. Sus ojos claros y lejos de aquellas grietas rojizas de antaño, con un tono de voz alto, vestido de un moderno clásico impecable… Feliz, lo vi feliz y no os imagináis cuánto me alegró… enhorabuena, Tolo.

Por cierto, Tolo no es el verdadero nombre de mi amigo. El verdadero es Juan, Toni, Pedro o quizás Fede, Víctor… a lo mejor no es un hombre y con quien me encontré fue con Juana, Toñi, Petra o quizás Federica, Victoria… a buen entendedor…