Archive for Enero, 2016

Tengo un león por dentro

Viernes, Enero 29th, 2016

El titular no tiene ni pretende sembrar una duda razonable de matices futbolísticos. Quien conoce los miembros de ‘El Clan…’ sabe que cada publicación es sometida a estudio y, sea por el motivo que lo provoca, un servidor le da forma periodística. Por tanto no me identifico –aunque respeto- la política de fichajes locales… es difícil pronunciarse por su complejidad, pero debes entender mejor la idiosincrasia leonera si tu lugar de nacimiento es Bilbao. No puedo concebir una gestión de cerraduras y candados, pero… ¿Qué hago hablando de fútbol?rafa

El caso es que, encaminemos el guión. Acabamos de disfrutar de las fechas navideñas, tiempo de recogimiento familiar, de meditación y también, también, de recordar. La melancolía te embriaga, la repentina llegada de las lluvias y los vientos, te obligan a revestirte con jerseys y abrigos, encender aparatos de calefacción, platos de cuchara suponen una relación normal que también suele desembocar en recuerdos de aquellos que un día amamos y hoy en día además los echamos de menos. Dejemos el tema en concreto.

También las fechas navideñas autorizan los viajes al pasado y dan tiempo para recordar. Recuerdos de anécdotas con los amigos, situaciones familiares con tus hermanos, en mi caso, con mis hermanas. Recuerdo dos en concreto.

Vivíamos en el Camino de Santa María de Mahón, disfrutábamos de un jardín coqueto, apenas cuatro añitos, mis hermanas, el doble. Decían que se iban, que me abandonaban y un servidor, lloraba como un niño de cuatro años, claro… que hay que ver lo bien se lo pasaban mis dos hermanas… de la caridad.

También recuerdo un posado para el fotógrafo Dolfo con recorte de una rosa incluida, un coche de carreras que ya lo hubiera querido para sí un tal Fernando Alonso.

Acabo. Recuerdo –más o menos- que viviendo ya en la Calle del Carmen una tarde noche me sentí un pelín mareado y con retortijones estomacales. Mi hermana –adivina cuál de las dos- me dijo que esos síntomas eran producto de que “tenía un león por dentro” y que lo mejor era que se lo dijera a mi padre.

Pónganse en situación. Mi hermana escondida tras una butaca, yo sentado en otra, blanco como la pared, y mi padre que me miraba y con las órbitas oculares a punto de salir disparadas, preguntándome que cómo carajo había entrado primero en casa y luego en mi estómago nada más y nada menos que un león. Ahora cuando tenemos mal el cuerpo, recuperamos al león de marras.

Un león por dentro, si es que no se puede ser bueno, un león… si es que… domador, eso es, domador de leones tendría que haberme licenciado, tú…

 

Una proposición honesta: deje pagado un café

Martes, Enero 12th, 2016

Una cantidad cercana al 100% de la población adulta tiene la imperiosa necesidad de comenzar la jornada saboreando un café con leche, bien calentito unos, o 9 minutos de microondas algunos otros, si la temperatura climatológica arrastra reminiscencias siberianas. Aunque concretamente este no es el tema que el ‘clan’ pretende abordar hoy, luego podríamos desmenuzar esa estadística contundente en descafeinados, cortados, corto o largo de leche o café, doble de azúcar o sacarina… pero ya digo, no ha lugar.

Imagine por un instante la instantánea que le propongo… Amanecer gélido, abrigado incluso con bufanda que esconde el bigote, gorro regalado por Melchor, Gaspar o Baltasar, quién sabe… Entras en tu bar de costumbre, apenas se te deja oír un ‘bon dia’ que no necesita añadir la petición de la dosis de cafeína habitual, pero si te quitas los guantes para que el calor de la taza llegue a tus manos culmina el protocolo previo, el primer y genuino sorbo que además es aquel que te propina el latigazo necesario para equilibrar puntos vitales de la geografía humana.

ayala

Entonces –y aquí queríamos llegar- ese día no has sido el primero en llegar porque aquella persona que se sentó junto a la estufa, que así y todo esta tiritando como un pollo, se está auto registrando bolsillo a bolsillo, ubicando sobre la mesa 50 céntimos que dan paso a 70 y luego 80… le faltan manos para seguir su propósito, de los bolsillos acaban saliendo un botón, un mechero y un pañuelo del que soy incapaz de adivinar su color. El señor parece haber pasado mala noche, quizás tuvo que trabajar, a lo peor pasó la noche en el hospital acompañado a un familiar, quizás… ¿Qué puñetas conozco yo de ese señor que me niego rotundamente a juzgar porque apenas le falta 40 cémtimos para volver a ser aquel hombre que fue anoche?

– Jefe, ¿me pone un café con leche pero de 80 céntimos…? Es que sabe usted, anoche tuve que…

Entonces Pepé, el camarero que ve a una legua quién necesita y quién añade que ‘bueno jefe, si es un carajillo mejor eh’, le encamina a tomar asiento, le sirve un ‘americano’ y un bocata de tortilla con tomate.

– Que le aproveche, caballero..

El caballero ni contesta porque con la boca llena ni debe ni puede hacerlo.

El Clan les encamina a que una vez al mes, en su bar habitual, dejen pagado un café con leche para quien a juicio de su camarero de confianza lo necesite, como el señor que les acabamos de contar.

Sólo una condición; el beneficiario no puede saber jamás que has sido tú la mano benefactora… ya sabes, ‘que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda’.

Sólo una vez al mes, ¿te animas?