Tengo un león por dentro

El titular no tiene ni pretende sembrar una duda razonable de matices futbolísticos. Quien conoce los miembros de ‘El Clan…’ sabe que cada publicación es sometida a estudio y, sea por el motivo que lo provoca, un servidor le da forma periodística. Por tanto no me identifico –aunque respeto- la política de fichajes locales… es difícil pronunciarse por su complejidad, pero debes entender mejor la idiosincrasia leonera si tu lugar de nacimiento es Bilbao. No puedo concebir una gestión de cerraduras y candados, pero… ¿Qué hago hablando de fútbol?rafa

El caso es que, encaminemos el guión. Acabamos de disfrutar de las fechas navideñas, tiempo de recogimiento familiar, de meditación y también, también, de recordar. La melancolía te embriaga, la repentina llegada de las lluvias y los vientos, te obligan a revestirte con jerseys y abrigos, encender aparatos de calefacción, platos de cuchara suponen una relación normal que también suele desembocar en recuerdos de aquellos que un día amamos y hoy en día además los echamos de menos. Dejemos el tema en concreto.

También las fechas navideñas autorizan los viajes al pasado y dan tiempo para recordar. Recuerdos de anécdotas con los amigos, situaciones familiares con tus hermanos, en mi caso, con mis hermanas. Recuerdo dos en concreto.

Vivíamos en el Camino de Santa María de Mahón, disfrutábamos de un jardín coqueto, apenas cuatro añitos, mis hermanas, el doble. Decían que se iban, que me abandonaban y un servidor, lloraba como un niño de cuatro años, claro… que hay que ver lo bien se lo pasaban mis dos hermanas… de la caridad.

También recuerdo un posado para el fotógrafo Dolfo con recorte de una rosa incluida, un coche de carreras que ya lo hubiera querido para sí un tal Fernando Alonso.

Acabo. Recuerdo –más o menos- que viviendo ya en la Calle del Carmen una tarde noche me sentí un pelín mareado y con retortijones estomacales. Mi hermana –adivina cuál de las dos- me dijo que esos síntomas eran producto de que “tenía un león por dentro” y que lo mejor era que se lo dijera a mi padre.

Pónganse en situación. Mi hermana escondida tras una butaca, yo sentado en otra, blanco como la pared, y mi padre que me miraba y con las órbitas oculares a punto de salir disparadas, preguntándome que cómo carajo había entrado primero en casa y luego en mi estómago nada más y nada menos que un león. Ahora cuando tenemos mal el cuerpo, recuperamos al león de marras.

Un león por dentro, si es que no se puede ser bueno, un león… si es que… domador, eso es, domador de leones tendría que haberme licenciado, tú…

 

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