Una proposición honesta: deje pagado un café

Una cantidad cercana al 100% de la población adulta tiene la imperiosa necesidad de comenzar la jornada saboreando un café con leche, bien calentito unos, o 9 minutos de microondas algunos otros, si la temperatura climatológica arrastra reminiscencias siberianas. Aunque concretamente este no es el tema que el ‘clan’ pretende abordar hoy, luego podríamos desmenuzar esa estadística contundente en descafeinados, cortados, corto o largo de leche o café, doble de azúcar o sacarina… pero ya digo, no ha lugar.

Imagine por un instante la instantánea que le propongo… Amanecer gélido, abrigado incluso con bufanda que esconde el bigote, gorro regalado por Melchor, Gaspar o Baltasar, quién sabe… Entras en tu bar de costumbre, apenas se te deja oír un ‘bon dia’ que no necesita añadir la petición de la dosis de cafeína habitual, pero si te quitas los guantes para que el calor de la taza llegue a tus manos culmina el protocolo previo, el primer y genuino sorbo que además es aquel que te propina el latigazo necesario para equilibrar puntos vitales de la geografía humana.

ayala

Entonces –y aquí queríamos llegar- ese día no has sido el primero en llegar porque aquella persona que se sentó junto a la estufa, que así y todo esta tiritando como un pollo, se está auto registrando bolsillo a bolsillo, ubicando sobre la mesa 50 céntimos que dan paso a 70 y luego 80… le faltan manos para seguir su propósito, de los bolsillos acaban saliendo un botón, un mechero y un pañuelo del que soy incapaz de adivinar su color. El señor parece haber pasado mala noche, quizás tuvo que trabajar, a lo peor pasó la noche en el hospital acompañado a un familiar, quizás… ¿Qué puñetas conozco yo de ese señor que me niego rotundamente a juzgar porque apenas le falta 40 cémtimos para volver a ser aquel hombre que fue anoche?

– Jefe, ¿me pone un café con leche pero de 80 céntimos…? Es que sabe usted, anoche tuve que…

Entonces Pepé, el camarero que ve a una legua quién necesita y quién añade que ‘bueno jefe, si es un carajillo mejor eh’, le encamina a tomar asiento, le sirve un ‘americano’ y un bocata de tortilla con tomate.

– Que le aproveche, caballero..

El caballero ni contesta porque con la boca llena ni debe ni puede hacerlo.

El Clan les encamina a que una vez al mes, en su bar habitual, dejen pagado un café con leche para quien a juicio de su camarero de confianza lo necesite, como el señor que les acabamos de contar.

Sólo una condición; el beneficiario no puede saber jamás que has sido tú la mano benefactora… ya sabes, ‘que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda’.

Sólo una vez al mes, ¿te animas?


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