Abrir paréntesis

No nos gusta comenzar un ‘clan’ bajo el argumento ‘recordamos aquella vez que…’ quizás porque entre los tres sumamos algo más de siglo y medio y podría parecer que nos disponemos a lanzar el rollo modelo ’abuelete’. Nada más lejos de nuestra intención, pero es que la colección –por llamarlo de forma educada- de cumpleaños hace que todo añada una arruga más a tu cuerpo, como si fueras Bibendu, el célebre muñeco de Michelin.

Ese matiz, el de contemplar cómo tú ‘DNI’ torna añejo, termina por domar aquel noble bruto que fuiste tres décadas y media atrás, te postula –sin chulería- para sólo con escuchar cómo abren la puerta de casa tus hijos y suben las escaleras, saber de antemano el color de las noticias con las que te van a sorprender (¿).

EL PENSADOR 1 redim a menosLes invitamos a realizar la prueba del algodón, esa que dicen que nunca miente. Seleccione una fotografía, si puede ser al azar, mejor, compártala con su hij@ y con su padre o madre, con lo que pueda tener una visión de tres generaciones. Ya les anticipamos nosotros que si una imagen vale más que mil palabras, obtendrá otras tantas redacciones a cuál de ellas más antagónica la una de la otra. ¿Por qué? Estados de ánimo puntuales del momento en que realice la prueba con sus otros dos concursantes, las diferencias vendrán enlatadas por el precinto de la experiencia.

Ese aroma que despide un ambientador al entrar en una casa, el olor que porta consigo adjunto aquella persona, el sabor de una comida, el tacto de una prenda y algunos otros detalles son conductores mágicos a otros tiempos, mejores o no tanto en comparación a los actuales, eso es otro tema, pero tiene el influjo de hacerte viajar a través del tiempo a tu madurez, adolescencia, juventud, niñez…caprichosamente muchas veces despertando recuerdos inertes en nuestra mente que de repente cobra vida de nuevo en ti. Tranquil@, se da la vuelta, finge un resfriado inexistente y se seca con un tisú de papel la lagrimilla que escala hacia abajo por su mejilla. No pasa nada.

El señor de la foto que ilustra estas líneas es un reconocido escritor internacional pegado las 24 horas del día a su ordenador portátil. Su condición creativa le obliga a emplearse según las musas tengan a bien visitarle y, como saben, las muy puñeteras llaman a su puerta de forma inesperada. Esta vez fue paseando en la calle, por lo que desplegó su improvisado despacho portátil, se escondió bajo la capota de su abrigo con el objeto de aislarse del mundo, escuchar atentamente las música celestial que interpretan las musas cuando se prestan a tal menester y, también, evitar ser reconocido.

La madurez permite en momentos impensables en fechas pretéritas, abrir un paréntesis para analizar la situación con seriedad, serenidad, calibrar su grado de importancia en la escala de Richter y obrar en consecuencia, no caer en torpezas como hablar a destiempo demostrando inmadurez declinando la opción silenciosa y correcta. Eso lo trae un peine especial… especial para tus canas con todo el orgullo del mundo.

Por cierto, lo del escritor, las musas y la inspiración sólo han existido en el siglo y medio de los miembros de ‘El Clan…’ ¿Sorprendid@? Quizás porque no peina canas… por favor, ya puede cerrar el paréntesis.

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