Un día como otro

¿Han visto la película “El Show de Truman”? Imperdonable si la respuesta es negativa, pero les perdonamos si nos promete que de este fin de semana no pasa. Ya sabe, sofá, mantita, estufa, palomitas, ‘dvd’ y un detalle importante: desconecte el teléfono, así ‘ningú emprenya’.

Realmente es una película con moraleja, un argumento que da mucho juego, da qué pensar, cuestionar, y diría más, se podría hacer un debate y nos sorprendería la de cosas que diríamos de ella.

ayala

Para los que no la hayan visto, diré que es un reality show sobre la vida de un joven llamado Truman (interpretado por el actor Jim Carrey) que desde antes de nacer está condenado a ser vigilado las 24 horas del día por un sinfín de cámaras que retransmiten toda su vida al mundo entero. Se ha construido una cúpula donde van pasando los años de dicho actor, en un ambiente dulce, tranquilo, donde casi todo es una vida con alegrías, rozando lo monótono, de un monótono exagerado. Sin diferencias palpables de un día del otro, la gente que le rodea son artistas que se han prestado para hacer realidad esta terrible historia, dejando al pobre Truman sin vida propia.

Mientras me preparo para ir al trabajo, café, ducha, algo de maquillaje, seleccionar la ropa que me voy a poner, sacar a mi perrita… pienso: “pero si esto lo he vivido, ayer, anteayer, el otro el otro. ¿No será que estoy viviendo un reality show? Tendré que estudiar la manera de intentar hacer cosas nuevas cada día”, me cuestiono.

Cuando eres joven ves las cosas de muy diferente manera. Si eres una persona del montón, una infancia normal, tus días se transforman en meses y ellos en años. Sin enterarte, pasas de estar protegido constantemente por una familia que cuida de ti en todo momento, que desea que tu vida sea lo más agradable posible, disfrutar de una niñez feliz, porque saben por experiencia lo dura que es la vida y lo que te va a tocar vivir.

Y así pasan los años, en los que estudias, trabajas, te casas. Vienen los hijos, el nieto que es tu máxima ilusión, sin olvidar que por el camino has dejado a mucha gente querida, imprescindible para ti. También te ves débil, pero en realidad tu ‘yo’ interior frena esa idea de autoestima a la baja y le da la vuelta para que te des cuenta que eres más fuerte de lo que pensabas. Y es que si hay algo que es realmente cierto es que sigues tirando del carro con mucha fuerza y en parte con orgullo, autoestima que has ido adquiriendo con los años.

Entonces te miras al espejo, observas una creciente colección de arrugas acusadoras y traicioneras que delatan que los años no pasan en balde. Conforme, porque tú eres de esos que no les importa envejecer, realista y sabedora de que todo llega, lo que hace que te metas pongas en manos de la madre de la ciencia, es decir la paciencia, y esperas sin prisas pero sin pausas efemérides significativas: sí, eres tú y no otra persona quien se encuentra soplando una tarta con ¡cincuenta velas!

En el epicentro de tu océano de dudas, te posicionas de nuevo frente a tu particular espejito mágico (¿) para –al menos intentarlo- despejar incógnitas: ¿Realmente es monótona mi vida? ¿Soy acaso un Truman de la sociedad… dónde están las cámaras?

Sonríe, tienes que salir guapo en las fotos.

Y así vas siendo consciente de que la vida, y en particular la tuya propia, realmente es un reality show.


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