Un gesto vale más que mil palabras

No hace muchos días, o como solemos decir por estos lares, ‘l‘altre dia de pagès’, un amigo íntimo –le llamaremos Juan- y quien les escribe quedamos con una tercera persona –Toni, por ejemplo- con el objeto de intentar de acercar ideas comunes para mejorar una sociedad de carácter deportiva que, según Juan, reúne las características perfectas para desarrollar un plan evolutivo a todos los niveles. Desde los más jóvenes, como benjamines, hasta la máximas del club, o sea juveniles. Pintaba bien porque la propuesta recogía servicios psicológicos, nutricionistas, mejoras sociales…ya os digo, un ‘planazo’.

La verdad es que Toni desconocía de la faceta de Juan, y viceversa, por lo que mi papel era de celestina y esta cita a ciegas podía resultar la bomba, forrarme de gloria o bien forrarme de m…

Sorpresivamente Toni no se presentó. Al otro lado de la línea telefónica una excusa filtrada por una ‘muy importante reunión coincidente con la nuestra’ nos dejaba con cara de tontos a los dos plantados, pero no por algo que puede sucedernos a cualquiera, sino porque a Juan y a mí nos faltó el gesto de la disculpa previa a nuestra llamada. No sólo habíamos sido segundo plato del menú, sino que ni siquiera figurábamos en la carta del día.

Me sentí fatal dado que era yo quien había concertado aquella cita a ciegas, pero Juan, que es experto en estas situaciones, me tranquilizó y restó hierro al entuerto. No sólo comprendió la situación sino que me radiografió de qué manera se defendería, con palabras y gestos, mi amigo (¿) Toni cuando le expusiera el compromiso en el que me había puesto con su ausencia empeorada con el agravante del olvido.

Qué importantes son los gestos en las personas, qué complemento más útil a la hora de transmitir y recibir sentimientos que, muchas veces, toman carta de naturaleza en momentos de extrema gravedad, continuando en la misma cuantificación del emisor y del receptor.

Como es sabido, El Clan de los Ayala hemos sufrido el fallecimiento de nuestro querido padre Rafael Ayala Jiménez (QEPD) y su motivo personal e íntimo de declinar la posibilidad de realizar el funeral que suele ser habitual, estimaba suficiente el velatorio con el objeto de que aquellos cercanos a la familia tuvieran oportunidad de hacernos llegar las condolencias oportunas. El velatorio es un caldo de cultivo precisamente de las múltiples y diferentes maneras gestuales de pronunciarnos en clara simbología no verbal.

Aquel@ que llega y te mira a los ojos –vidriosos por cierto- sin mediar palabra inclina la cabeza, te da la mano y se despide, el/la otr@ que saca a relucir su lado impertinente y te somete a un tercer grado necesitado (¿) de saciar su incotinencia impertinente, con el cómo, cuándo, por qué…aquel@ que hace años que no ves y te abraza de corazón de herman@, aquel@ que se acerca al féretro en silencio, se despide de él en silencio, luego de acercarse a ti con sencillez, te dedica una palabras de amor que te emocionan, aquel@ que se hace el puto amo del grupo y recuerda desventuras graciosillas coprotagonizadas con el que se fue pero que paulatinamente se va quedando solo y, por tanto marcha sin despedirse, aquell@s que se sientan junto a ti te apretan dulcemente las manos y comprenden en un estruendoso silencio, aquell@as invisibles en lo diario pero hoy toca hacerse visible y con la mirada te transmiten buen rollo…aquell@s que están y ni si te hubiera pasado por la cabeza que vendrían, y viceversa, pero esto, esto es harina de otro costal.

Qué importante es la política de gestos que puede llevar consigo una persona, tanto emisor como receptor. Qué bueno es aquella mirada amiga que ve, observa y está presto a cogerte la mano si desfalleces, aquel abrazo cálido que combate lo gélido del momento, aquella mano en el hombro acompañado de media sonrisa, o aquella sonrisa entera mojada por lágrimas incontenidas que te remiten al oportuno café programado para ‘cualquier día de estos’, aquella acaricia em la mejilla, aquella persona que opta por acompañar en silencio sentada en un esquina sin mediar palabra pero con un claro ‘estoy aquí por ti, amig@’… Sería interminable el análisis que podría interpretarse como un simple repaso a lo evidente o, en su defecto, a crítica pero nada más lejos de nuestra intención que no sea otra que agradecer una vez más, vuestros GESTOS de cariño, amor y amistad de los que somos objeto.

Una vez más, gracias a todo@s.

 

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