Cuéntame un cuento, por favor

El otro día fui espectador de una situación que me dio qué pensar, hay que cuidar esa neurona que nos queda sin estresarla en exceso. El caso es que paseaba por el puerto y entre dos barcos separados por unos 50 metros intentaban mantener una conversación (¿) dos empleados e, inconscientemente, con el modo ‘a grito pelado’ accionado a pesar del ruido del tráfico en aquellas horas. El intento de diálogo era digno de un guión de los hermanos Marx, entre besugos…

– !!!Pepe… eh, Pepe¡¡¡ Necesito… ala… coba y… muchos…

– Sí, sí…yo también… pal…es … y trapos. ¿Puedes… central?

– Vale, esperaremos que… de la central.

No digo, ni crítico, yo el conducto elegido por los dos tribuletes para comunicarse y todavía menos si en media hora de la Central les envían pala, escoba, trapos que quise entender necesitaban. El hombre desde su creación –bueno, las mujeres también, lógico- hemos puesto de manifiesto un interés por ampliar los canales de comunicación que ha derivado en una oferta faraónica con la actualidad tecnológica.

A día de hoy, un mensaje de texto o audio, una foto, imágenes ‘on line’ además de unas cientos de funciones más, te las proporciona un diminuto teléfono móvil qué llegará a ser ‘i-m-p-r-e-s-c-i-n-d-i-b-l-e’ en nuestro desarrollo normal y en todos los ámbitos, ya sea deportivo, social, laboral, familiar…Si se te ocurre pasar de teléfono móvil, correo electrónico, ‘facebook, ‘tuiter’…simple y llanamente, no existes.

No creo que tanta tecnología a nuestro alcance deteriore las relaciones personales, siempre que utilices con su justa mesura (¿) las herramientas que te ofrece el endemoniado teléfono. Si quieres hablar con alguien lo llamas y si lo que necesitas es compañía personal de un@ amigo@, te pagas café y ese ratito ‘no té preu’.

Este abanico comunicativo entre las personas  lo encontramos en situaciones que desembocan en fábulas que te sirven para apoyar, para complementar y ejemplarizar ciertos hábitos que parecían de colores y en realidad reina el blanco y negro…y viceversa. Si quieren llamarle ‘cuentos del@ abuelit@…
Aquella persona que en la estación del bus ha comprado un paquete de galletas y que su vecino ‘comparte’ sin permiso. Llega la última, tu vecino sonríe y la parte por la mitad y mientras os alejáis, tú vas jurando en arameo por el descaro de aquel que se comió la mitad de tus galletas pero que, mira tú por dónde, ya en el autobús y al abrir la bolsa hay un paquete de galletas, con lo que ‘TÚ’ te habías zampado las de ‘ÉL’. Qué vergüenza, ¿no?

Recuerdo un leyenda Jorge Bucay, psicodramaturgo bonaerense, pautando ‘buscarse un@ amante’ que de forma metafórica invita a que o quien invertir nuestra dedicación, sentimientos, amor… fábulas de amantes, del desamor, de la amistad, del pasado, el hoy o el mañana, del cielo o el infierno, de lo divino y lo profano… lea todo lo que puede, columnas, artículos, periódicos, revistas, libros de bolsillo, de este o aquel tema, de este@ aut@r y finalmente y como terapia cuando tus motores estén a punto de estallar… escribe, lo que se te ocurra pero escribe. En una terapia muy aconsejable, mejor que perder el tiempo en el bar pasando las horas sin ton ni son, por poner un ejemplo.

Si decides escribir –aunque sólo sea para ti y no quieres publicarlo- permíteme que te recuerdo lo que El Tejo le dice a Oconnor, el jovencísimo protagonista de ‘Un monstruo viene a verme’: ‘Las historias son como animales…cuando las sueltas quién sabe qué mal pueden causar’’.

Y ahora, si eres tan amable, cuéntame un cuento, por favor.

 

Comments are closed.