Archive for agosto, 2017

Manos arriba, esto es un atraco

miércoles, agosto 30th, 2017

Tengo un amigo de esos que sólo caben dentro de la relación que suele decirse que se encuentran en tu lista de los dedos de una mano. Pues bien, por motivos laborales y también, por qué no reconocerlo, por movernos en diferentes círculos de amistades, hace que cuando nos vemos de forma circunstancial el preludio es semejante a aquel cuyos hermanos emigraron a países diferentes y pueden pasar años hasta que vuelven a coincidir.

Sé que damos el espectáculo delante de la gente, pero ambos dos tarareábamos la misma canción, de Alaska por cierto: ‘A quién le importa lo que yo haga’. Pedro y yo vivíamos muy cerca cuando adolescentes, pasamos muchas horas en ambos domicilios, descubrimos a la par el mundo zoológico. Es decir, que los niños no los trae la cigüeña y que el ratoncito Pérez no había cursado odontología precisamente. También algo de geografía nocturna, dónde se encontraba Cala Llonga, Cala Rata… por supuesto, acompañados. Pero mira cómo son las cosas. El padre de Pedro se puso entre ceja y ceja que el chaval debía ir a la universidad en Barcelona y estudiar para, como decía el progenitor, ‘el día de mañana ser un hombre como Dios manda’.

Pedro, en multitud de ocasiones de nuestras conversaciones íntimas, me había reconocido su animadversión a la carrera que le habían designado, debía continuar la tradición familiar, y ser arquitecto. Era un muy buen estudiante y coronó la carrera para júbilo familiar y él, por inercia, trabaja de arquitecto. Claro, demasiados años estudiando y luego trabajando, hacía que nuestros encuentros se tradujeran a Navidad, Semana Santa, verano y vuelve a la Navidad. Eso sí, siempre quedábamos para tomar un café y estas últimas fechas teníamos más motivos que nunca para ponernos al día puesto que Pedro había decidido junto a su familia catalana –mujer y dos hijos- fijar su residencia en Menorca. No pude disimular mi sorpresa a caballo de lo inesperado y lo deseado. Ahora, podríamos los dos ‘’arreglar el mundo’’ con un buen café como ‘animal de compañía’.

– Sí Rafa, te llamaré un día de estos y nos ponemos al día, pero será la próxima semana o el mes que viene, ¿vale?

– Claro, Pedro, y si te puedo echar una mano en algo me lo dices, pero… fíjate, tenemos un bar a dos metros y oigo una música que dice ‘ojalá que llueva café en el campo’… Es una invitación en toda regla, ¿no?

– Llego justo de tiempo a una reunión pero… qué hostias, uno de rapidito, ¿vale?

– De acuerdo pero invito yo.

Paradójicamente, ninguno de los dos tomamos café. Se acercó el camarero y ambos optamos por algo fresco.

-Nos pondrá, por favor, una cola ‘zero’ y un granizado de limón.

Mientras el camarero prepara los refrescos, Pedro y yo trivializamos hasta que nos sirven, muy amablemente por cierto.

– Disculpe joven, si es tan amable, cóbreme que tenemos un poco de prisa.

– Faltaría más caballero. Mire usted, cola zero y granizado (suena el teclado del ordenador y la consecuente nota impresa)… Caballero serán 5,50 … 5,50 euros por favor…

– Muy bien, aquí tiene… 6 euros.

El camarero se dirige hacia la caja y sin perder su amabilidad…

– Caballero, aquí tiene su cambio, 50 céntimos, muchas gracias.

– Gracias a usted pero, por cierto me permite una pregunta.

– Si tengo respuestas para ellas, no tenga dudas que las contestaré

– ¿Cuántas personas se han quejado de los precios que ustedes aplican?

– Si le digo la verdad usted no es el primero… mucha gente se ha quejado de los precios que tenemos, pero…

– No se preocupe, usted es un grumete y el capitán de navío sólo se ocupa de recoger la bolsa del tesoro –que se encuentra en una isla pero no está escondido- y a esperar al próximo abordaje y no, por favor no me conteste, que ya veo que usted será incapaz de hablar mal de la mano que le da de comer. Muchas gracias.

Al salir del local, Pedro, que conoce bien de qué pie cojeo, me lanza un ‘qué, carnaza para tu próximo escrito, ¿no?’

– Me conoces demasiado bien para saber que no perderé la oportunidad de denunciar este ‘manos arriba, esto es un atraco’… No me importan las mil de las antiguas pesetas que nos ha costado una cola zero y un granizado. Lo que realmente me jode es que después en prensa y radio, nuestros políticos se rasgan las vestiduras por si campos de golf o turismo rural… señores políticos del Consell, del Fomento, del organismo, ONG, o asociación que sea, entérense que la casa no se construye por el techo.

Es igual el turismo que nos visite, del nivel económico al que pertenecen pero a nadie –local o foráneo- le gusta cuando consume en el centro de Mahón una cola zero y un granizado, pide la cuenta y le contesten ‘manos arriba, esto es un atraco’… son 5,50 euros. Ah, por cierto, 5,50 euros sin romper nada, ¿eh?

 

 

Cuando Carlos Roca sintonizó Onda Zulú

viernes, agosto 25th, 2017

Circula en el entorno del mundo periodístico la leyenda urbana que sentencia que ‘un periodista no puede ser noticia’. Es una apreciación que, de ser cierta, no me posicionaría en respetarla porque un redactor puede escribir un libro, salvar a una persona a punto de ahogarse en la playa, ser objeto de un homenaje público… ¿Acaso alguno de estos tres supuesto desmerece ser noticia?

Carlos Roca, periodista radiofónico nacido en Cartagena, dni cincuentón, felizmente casado, padre, aterrizó un día en Menorca y se enamoró de la isla, también de alguna que otra curva femenina que pronto le descolgó el ‘sambenito’ de ‘soltero de oro’ .Y como estos lodos trajeron estos barros, o viceversa, la relación echo raíces, descendencia que no hizo otra cosa que apuntalar sus vidas en común con el día a día.

Existe en el periodista radiofónico otra vida que compagina con la profesional. Carlos Roca ha desplegado, con el paso de los años, su faceta de escritor. Empleado de Antena 3 asume la dirección de Onda Cero en Murcia, se convierte en especialista en la historia de África del sur. Cualitativa y cuantitativamente publica primero artículos y más tarde libros en torno a guerras coloniales africanas sumergiéndose en conflictos y grandes batallas.

De su puño y letra ven la luz las ediciones Sangre de Valientes (2006), Rorke’s Drift, la inmortal batalla anglo-zulú y La auténtica historia de las Minas del Rey Salomón (2010), El último Napoleón (2011), En la calle (2014), Boers (2015) para desembocar en su obra final –actual, mejor apreciado- que lleva como título Zulú, de Editorial Actas

De ésta, el resultado de la redacción de Zulú, concentra su punto neurálgico –asi avanza la contra portada del libro- en un pueblo de ‘’guerreros feroces y temerarios (1808/1908) que llenaron de pavor el corazón del hombre blanco en el cono sur de África: Los Zulús’’.

En El ejército Zulú, Carlos detalla de forma concisa al pueblo pacífico que se convierte en la máquina ‘más poderosa de guerra’, la nación de pastores le catapultó como protagonistas más célebres que el mundo haya podido conocer. La misma fuente pone especial énfasis en que el autor centre su atención en matices de vital importancia tales como ‘táctica, enfrentamientos, armamento, sus batallas más sangrientas… para girar en torno a lo que les da sentido e identidad; El ejército Zulú’.

Carlos encabeza lo que podríamos concretar dentro del ámbito ‘Factoría Roca’, que junto a sus hijos dominan la comunicación desde atalayas diferentes. Por otro lado, Carlos Roca tiene otra vertiente –una más y van…- en la que lidera como pastor evangelista la iglesia ubicada en Murcia, aunque en sus visitas en Semana Santa y vacaciones estivales, participa en los sermones de la iglesia de Mahón junto a su compañero en este sentido personal y espiritual, Jesús Jusué.

La brillante carrera profesional y también personal, ambas entendidas por el propio Carlos Roca como ‘bendiciones’ y su arraigamiento a Menorca en general y Mahón en concreto, le brindó el privilegio de ser el pregonero de las Fiestas de Gracia 2014, un momento que brilla especialmente en su historia de vida y que le será muy difícil olvidar.

Aprovechando el juego de palabras que nos ofrece este periodista de la radio, vuelca sus escritos en libros donde adquieren protagonismo guerreros ancestrales y ubica al lector en el epicentro de su relato. Carlos lo vive como en primera persona y de esta manera hace que la existencia de cualquiera de los protagonistas de la tribu, te transporte a ser uno más, a asumir el rol a asumir en primera persona su preparación para el cuerpo a cuerpo y barajando conceptos, matices y palabras de de un lado a otro y de arriba abajo, aterrizas planeando en una conclusión: Carlos Roca ha sintonizado Onda Zulú… ‘sintonizado’ en diferentes librerías. Aconsejamos su lectura.

 

El abuelo un día…

martes, agosto 22nd, 2017

Cuando me siento para charlar conmigo y decido recordar historias del pasado, me asusto, no por el contenido, que no son películas de miedo o terror… este pánico descafeinado es equivalente a lo que siente una persona cuando empiezan a otorgarle homenajes. Es decir, los años van pasando y los cumpleaños se suceden uno tras otro… o lo que es lo mismo, ‘’tornem vells’.

La época de juventud es aquella que además de estudiar, sueles encontrarte con tus amigos para olvidarte de libros, escuelas y profesores. La pandilla, en general, tiene como denominador común con las otras un lugar de encuentro que veneran y encumbran como si de su segundo domicilio se tratara. Unos le llaman
‘soterrani’, otros ‘àtic’, o también ‘ associació’ y no falta quien habla de ‘club’ o en el mejor de los casos ‘ magatzem’.

Recupero el principio del artículo para poner en marcha la máquina del tiempo y retrocedo varias décadas atrás. Yo era muy pequeño y me acoplaba con mis hermanas, las otras componentes de El Clan… Carmen y Tere, y yo desde mi singular atalaya observaba cosas, muchas cosas, pero esas cosas eran diferentes a las que podían reclamar su atención femenina.

Por ejemplarizar, un día irrumpió un señor por las inmediaciones de nuestro ‘soterrani’. Era un hombre bien vestido, extranjero, no hablaba con nadie, se limitaba a pasar horas enteras en un banco del parque y, también, consumía un té con leche en el bar de Pepe.

En un pueblo cuando todavía era pequeño, prevalecían los sobrenombres para identificar a los nativos, como por ejemplo los Garriga éramos de ‘Can Terrasa’, al jugador de fútbol Timoner se le reconocía como ‘Toto’ (QEPD) y así uno tras otro… por lo que sin prisas pero sin pausas, al nuevo abuelo de la zona se le bautizó como el ‘kayser alemán’.

Y claro, como en todo lugar pequeño, donde el boca a boca tiene mayor patente de corso que la radio, prensa o televisión, comenzó a alimentar la rumorología con matices que sólo cabían en mentes malpensantes y cizañeras para intentar desestabilizar al bueno del abuelo que no hablaba por no ofender.

Escuché escondido para no ser descubierto tras unas cajas del almacén del garito, cómo los ‘atletas de la barra del bar’ desmenuzaban al nuevo y veterano vecino.

Según esos ‘deportistas’ se trataba de un alemán en busca y captura por su participación en el genocidio nazi. El teutón respondía al nombre de Helmut Geyser, aparecía y desaparecía de cada pueblo donde residía con facilidad porque asociaciones de judíos andaban tras su pista con el objeto de llevar a cabo venganza y juicio… podría continuar porque luego entraron en concreciones impensables.

Por aquel entonces mi dni rozaba la docena de cumpleaños. Jugábamos a fútbol y un balón mal despejado por el ‘patata’ de Jorge fue a parar a los pies de ¿Helmut? Como yo era el más cercano, me dirigí a él con valentía inesperada por mí mismo.

– Sr. Helmut, ¿sería tan amable de devolvernos el balón? Por favor.

– ¿Sr. Helmut… Sr. Helmut? ¿Quién te ha dicho que soy el Sr. Helmut?

– Todos lo dicen en el bar. Dicen que usted es alemán, de un pueblo (¿) llamado Gestapo y que está huyendo?

– ¿Alemán… Gestapo… huyendo? Me gustaría saber dónde proyectan esta película, ¿sabes?

-Sr. Helmut, ¿me devuelve la pelota, por favor?

– Claro,hombre, aquí la tienes y hazme un favor. Informa a los que quieran oírlo, que mi nombre es Maykel Trevor, soy jubilado inglés y fui panadero… Ah, y si alguien desea saber algo de mi historia de vida laboral o personal, aquí los espero.

– Perdone sr. Helmut… perdón señor Maykel, la pelota, por favor…vla pelota.

– Recuerda el trato que hemos firmado.

– Se lo prometo.

Pasaron los días y me presenté en el bar. Expliqué mi conversación con el Sr. Maykel. El abuelo inglés un día… dejó de ser noticia y punto neurálgico de suposiciones y suspicacias. Había dejado de ser ‘carne de cañón’ y ya carecía de interés para los ‘deportistas ‘de la barra del bar’. Así fueron las cosas –si la memoria no me falla- y así las hemos fabulado para todos ustedes.

Moraleja, si tienes dudas, consulta y no intentes fomentar las cosas que no conoces de primera mano mano. Es un aviso para navegantes.

 

No declines jamás tomar un café

jueves, agosto 10th, 2017

La vida, la existencia humana en este valle de lágrimas, desdichas, fracasos, enfermedades, envidias, odios, celos, calamidades y así un largo y completo pack de oferta de malandanzas, a pesar de todo ello, es previsible suponer que no las padeces todas ellas juntas. Muchas veces aglutinamos dos o tres de las relacionadas, sumadas a otras tantas incipientes… muchas veces, como decimos, parecería que te ha mirado ‘un tuerto’, ‘han encendido velas negras’ o ‘te han echado mal de ojo’. Te sientas a meditar y tal que hizo un peregrino con Jesús, le preguntó que quién había pecado, si sus padres, hermanos o él mismo, refiriéndose a un ciego que se encontraba junto a ellos y escuchaba con atención. Jesús, tranquilamente, le argumentó con sabiduría celestial que ‘no pecó nadie. Este hombre es así para que las obras se manifiesten en él’. Si no recuerdo mal, Jesús sanó al ciego.

Muchas veces, demasiadas ocasiones la vida nos zarandea, nos mete el miedo en el cuerpo y parece que además de habernos metido en medio de un huracán que además no tiene previsible un final feliz, parece habernos abandonado.

Puede parecer que estamos siendo negativos pero siempre, pase lo que pase, por muy oscuro que sea el lienzo que protagonizamos… pero siempre –o al menos eso intentaremos- seremos conscientes de que al día siguiente saldrá el sol, que ya queda menos para cambiar la tónica que intenta imponerse y lo hacemos porque somos –queremos ser- conscientes de que debe imperar el triunfo final de la justicia.

El otro día me encontré con Javier. Un tío guapo, mujeriego, amante del buen vivir. Sabía que andaba en Madrid viviendo ‘días de rosas y vino’. Pero alguien –no recuerdo quién- me había advertido del lamentable momento que estaba viviendo.

Escuché cómo alguien me llamaba y me giré para atender con educación a aquella persona que demandaba algo de mí. Me saludó con su voz temblorosa y se dio a re-conocer. Aquella imagen me impresionó. Ya no era guapo, supongo que tampoco mujeriego, y mucho menos amante de buen vivir. Tampoco vivía en Madrid.

Intenté ser positivo, no decirle la imagen de derrota que llevaba escrita en su rostro. Me explico en minutos que había sido engañado y traicionado por amigos y su propia esposa y que se encontraba en Menorca –palabras literales- “para despedirme de la familia y de los amigos’’. No importaba que preguntara porque todas las cuestiones que hubiera podido interrogar, él solito las iba exponiendo paso a paso.

Javier pensaba –estaba seguro- que visto el rumbo que había tomado su vida este último año, su presencia en la isla era testimonial. O sea, predecía que tenía los días contados. ‘Estoy sentenciado, Rafa –me dijo- los médicos me han dado entre ocho meses a lo más un año’’ Al principio intenté inyectarle una dosis de positivismo, de que se podía tratar de un error del diagnóstico, le pregunté si había consultado una asegunda opción.

Me miró muy fijamente a los ojos y me dijo…

– Rafa tranquilo… sólo voy a morir.

No es que tirara la toalla, lo que ocurría es que lo vi tan conformado y tan seguro de su futuro inmediato que lo único que se me ocurrió fue muy frívolo, ante esas circunstancias, pero más tarde me alegré de aquella decisión. En ocasiones –lo decimos por experiencia- invitar o recibir la oferta de un café puede condenarte la vida. Yo tuve la suerte de poder tomar un café, el último, con javer y asi, tuve la oportunidad de despedirme de él. Un café cargado de recuerdos, de sentimientos, de mujeres, de política…de todo. Luego nos abrazamos y los dos nos fuimos llorando.

– Adiós Javer.

– Adiós Rafa y hazme un favor, cuídate

– Le dije adiós con la mano y lo vi por última vez. Luego me enteré que, efectivamente, había fallecido, que en paz descanse.

No es un consejo -‘El clan…’ no nació para este menester- pero si alguien de su entorno le invita a tomar café, no decline la oferta, podría suceder que esa persona sigilosamente deseara hacerle partícipe de una intimidad porque le tiene a usted en la carpeta de ‘amigos desde siempre’ y entonces usted tenga que abrir la suya: ‘Amigos con los que se me escapó la posibilidad de tomarme nuestro último café. Recuerde, no decline jamás tomar un café… sea quien sea quien se lo ofrezca.

 

 

Emoticones, ¿otro cáncer de la comunicación?

viernes, agosto 4th, 2017

Si de forma mental retrocedemos algunas décadas atrás –no se corte, oiga, incluso alguna más-, recordará las dificultades que tenían que padecer los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos sobre todo aquello que tiene que ver con la comunicación. Sabemos de ello porque bien nuestros padres bien nuestros abuelos se han encargado, en postres navideños o fiestas de guardar, de poner sobre la mesa disimuladamente aquel goteo de reminiscencias de las ‘’històries de quan la reina anava en bicicleta’’ .

Nosotros recordamos, por ejemplo, las veces que habían realizado el trayecto Mahón-Cala Mezquida-Mahón o lo mismo pero con Es Grau, por supuesto trayectos realizados con el coche de San Fernando, ‘’un trozo a pie y el otro, andando’’ Ahora recuerdo más… también Punta Prima.

La modernidad, la imparable evolución de la conciencia humana, la innata obsesión por no ser uno de los mejores, sino el mejor, ha hecho posible que hoy en día todos los caminos nos conduzcan irremediablemente a Roma, por lo que, por lo civil o bien por lo militar, ustedes pueden comunicarse en bicicleta, moto, coche, autobús, tren, barco, avión… más caro o barato, con complicadas piruetas en ocasiones para llegar al objetivo, pero el caso es que estamos comunicados.

Pero, ¿qué nos dicen del aspecto de la otra comunicación? Sí, en efecto aquella que notifica, certifica, avisa, informa, declara dentro de un marco lógico entre dos personas, una conversación en el bar, un encuentro impensable a medio camino a casa, una llamada telefónica, una cita concertada o a ciegas… situaciones que han ido menguando merced al coco ‘Internet’ y todo lo que lleva de negativo –que hay mucho de positivo-, como los mensajes, chats y ahora también los móviles, teléfonos que llevan incorporado servicio denominado ‘whatsapp’, que comprende mensajería escrita, de audio y también por vídeo del propio teléfono.

Y como las circunstancias nacen y evolucionan, resulta que los entendidos se preguntan si la “representación de una expresión facial que se utiliza en los mensajes electrónicos para aludir al estado de ánimo del remitente’’, definición aproximada de emoticono , puede con su utilización masiva empobrecer el lenguaje o bien pueda suponer una ventaja en la comunicación,

Entre que en los mensajes de texto se intenta economizar el mayor número de letras posibles (X significa por, XA es para, TQ es te quiero…) la inclusión de emoticones que cuentan con todos estados de ánimo posibles –e imposibles- son condimentos que unidos a la cantidad de horas que nos encontramos ‘solos’, o comunicándonos (¿) por medio de las redes sociales… ¿Qué beneficios nos aporta?

Llegados a este punto de incomunicación pero a la vez hiper comunicada, aquellas disyuntivas existenciales cobran mayor vigencia ante el presente/futuro que se nos avecina. ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿A dónde me dirijo? Uf, no queremos ni pensarlo…

Un supuesto: ¿Se imaginan por un instante a don Miguel de Cervantes escribiendo “El Quijote” a base de escamotear letras y con un amplio abanico de emoticones…? Lo sentimos pero a nosotros que nos den los molinos enteros, po_fa, ¿vale?