Déu ens doni millors vistes

Mis queridas hermanas Carmen y Tere, en esta mañana soleada, que son las 9 horas y parece que en cualquier momento va a provocar una mutación por la cual dejaremos de ser personas físicas y pasaremos a ser charcos de agua –es decir, de sudor- esto tiene que ser el infierno.

– Vale, superado el trámite de la climatología. ¿Todos estamos bien?

Todos confirmamos este ‘tot va bé’, porque mejor es no ahondar demasiado…

– Pero bueno Rafa, ha parecido una entradilla para comunicarnos algo, ¿me equivoco?

– Primero, que me conocéis demasiado bien, y segundo, que tenemos que hablar de El Clan…

 Sí, es cierto, tenemos que hablar. Pero primero dinos una cosa, ¿en torno a qué o quién versará en el próximo capítulo?

– Dímelo tú, ¿qué se os ocurre que podría ser interesante?

– Mi opinión personal es que está saliendo muy bien. No sé, en verdad hay mucha gente que me pregunta de la veracidad de las historias. Creo que este guión de que te encuentras un amigo de la infancia y bla-bla-bla, te larga su rollo y tú luego los conviertes en una historia, una fábula, una leyenda urbana, un cuento chino, la verdad es que ‘mola’. Carmen, ¿tú cómo lo ves?

– Yo lo hubiera podido decir lo mismo que tú, más alto pero no más claro, por lo que, visto lo cual, ¿por qué cambiar de táctica?

– No sé yo si… bueno, la verdad es que ahora que recuerdo el otro día me encontré a Pepe Lienzos. ¿Recordáis a Pepe ‘gafotas’?, bueno, pues ese…

– Nosotras éramos amigas de sus hermanas, Magdita y Marieta, no hablaban por no ofender pero él era diametralmente lo contrario. Calladas, recatadas, parecían monjas de clausura y él… sí quiero recordar que era un poco ‘cansadet’…

– No te falla la memoria, porque ‘gafotas’ me paró que yo bajaba por Hannover y así de repente, a grito pelado, con la gente que nos miraba y no sabían si hablábamos o nos peleábamos. Un numero, tú, el cabrito de él, al grito de ‘Hola Ayala, no te acuerdas de mí o qué, Ayala?

– Hombre, pero si es ‘pepote gafotas’ en persona. ¿De dónde sales, qué fue de tu vida?

Posiblemente este haya sido el error más grave cometido en mis cinco décadas y pico de vida. Parecía aquel político que le contesta al periodista aquello de ‘Hombre, me alegro que me haga esa pregunta’.

– Venga Rafa, no exageres…

– De Hannover a mi casa, hora y media. Se le metió en la cabeza que tenía que acompañarme y tuve que claudicar. No os lo podéis imaginar, me contó al detalle lo que ha hecho, no ha podido hacer y lo que le hubiera gustado hacer, de forma metódica en cuanto situaciones personales, familiares y, además con un cronológico castrense, cronología meridiana.

– ¿Y cómo terminó la historia?

– Tranquilas, no lo maté pero cuando llegamos a mi casa hizo una intentona de querer subir, supongo que para explicarme si algo no me había quedado claro. Argumenté que la fisio estaba a punto de llegar y que ya continuaríamos hablando.

– Vale Rafa, un día de estos te llamo y hablamos, ¿vale? -me dijo.

– Entonces mi familia sabe que no estoy para nadie y cuando suena el teléfono, me erizo como un gato…

– Mal ‘rollito’ Rafa, tienes un buen problema porque la gente ésta que se enrolla y además tiene la costumbre de hacerte parar para que lo escuches bien o te va dando golpes en un hombro…

– Si me lo vuelvo a encontrar y se me ocurriera, por ejemplo, acabar con su vida… ¿Cuento con vosotras para que llevéis bocatas a la cárcel, vale?

– Tranquilo Rafa, Tere y yo vamos a encender unas velas para que te dé buen rollo y ahuyente los malos espíritus. ¿De acuerdo?

Mirad chicas, me bastaría con que ‘Déu me doni millores vistes’

– Amén

 

 

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