A nosotros los Reyes nos llegaron hace cinco y seis décadas

Fito y Niní, nuestros progenitores ambos dos ya fallecidos (QEPD), pusieron toneladas de interés en lo referente a la educación de la cual teníamos que ser objetos. Esta tarea mayoritariamente la desarrolló mi madre. Nuestro padre le llamaba la tía Nina, una mujer sin estudios pero alumna de la universidad de la vida donde sus evaluaciones brotaban los sobresalientes como denominador común.

Siempre valoramos de manera especial que esta solitud materna la utilizara como cordón umbilical con padre para hacer cómplice, partícipe y responsable desde la sombra de nuestra educación y de todo lo que nos ocurría. Lo bueno y también lo malo. Nuestro ‘viejo’ apostaba por la conversación ruda, dura, directa, te miraba muy seriamente con aquellos ojos azules verdosos o viceversa y una labia que ya la hubiera querido cualquier estudiante aventajado de aquellos entonces.

En la imagen la familia Ayala Garriga, un 24 de septiembre de 1967. De izquierda a derecha nuestro querido padre Rafa padre (QEPD), Tere, Rafa hijo, Carmen y nuestra querida madre Niní (QEPD) de Ayala, como a ella le hubiera gustado ser recordada.

Ya en el invierno de la vida de padre, mi madre nos dejó lamentablemente en su otoño particular, como diría un argentino, platicamos sobre aquel pasado y mientras nosotros los hijos no le tiramos en cara su método exagerado y muchas veces irracional punto de vista de los peligros de la vida, él reconocía este hecho que era serio pero que con sonrisa socarrona nos obligaba a pasar a otro tema. Madre, que conocía a padre como si lo hubiera parido, nos decía “cuidado con tu padre cuando ríe y se le infla la nariz”.

Padre y madre, madre y padre… menudas dos patas para este banco… solían decirnos. Mi madre todo lo responsabilizaba al Todopoderoso. “Tranquilos, poned el problema en manos de Dios y ya veréis maravillas”, y mientras padre rodeado de libros, escudriñándolos, devorándolos en busca de la verdad porque “ésta nos hará libres”, decía el viejo…

Sí, como cualquier de nosotros, nacieron en esto del vivir sin pdf o tutorial y ciertamente las miradas en ocasiones te taladraban el cerebro, pero sus abrazos eran millones de razones para conjugar el verbo amar. Por su parte padre podía agarrarse a las ínfimas posibilidades de que un meteorito si cayera en la faz de la tierra, nosotros teníamos aproximadamente entre 80 y 98% de posibilidades de que lo hiciera –mira tú qué casualidad- sobre nuestra cabecitas por cierto recién lavadas y peinadas. Pero todo ello quedaba declinado en la cuneta del recuerdo porque la alegría que demostraba cuando le visitabas y le faltaba tiempo para levantase para ofrecerte no sólo lo que tenía en la nevera y la alacena, incluso aquello que estaba dispuesto a ir a comprarlo a la India si se lo hubieras pedido.

El Clan de los Ayala existe porque el amor de dos personas cuyos pasado tortuoso sentenciaba cualquier atisbo de posibilidades de futuro pero que, como si de alquimistas se tratara, de la nada más adversa y preocupante transformaron en oro la historia más bella que jamás nos hubieran podido contar y sin embargo la vida, Dios, el triunfo final de la justicia, un poder que regenera, una fuerza del más allá o del más aquí, una promesa de amor y vida para aquellos que se postulan como hijos de Dios…

El Clan… agradece a quien corresponda que tuviera a bien hace entre cinco y seis décadas enviarnos a los mejores Reyes Magos que por mucho que nosotros hubiéramos dictado cómo se debían manifestar, elevó a la enésima potencia nuestras expectativas. Por este motivo, les deseamos a todos ustedes que los Reyes Magos de Oriente –del Corte Inglé, Toys’r’us, Zara…- les traigan todo lo que han pedido corregido y aumentado, a los críos más que a nadie… pero permítannos que le toquemos el corazón… ¿De acuerdo?

Si sus padres viven todavía, alégrense y abrácenlos con pasión y amor. En caso contrario, como nos sucede a los miembros de esta columna, no recuerden a sus progenitores con amargura porque se fueron. Recuerden los buenos momentos que se hicieron pasar los unos con los otros y sí, es cierto que se fueron y quién sabe si algún día volveremos a verlos, pero lo que es seguro, inapelable, real, y que pertenece a nuestra historia de vida existencial es que se nos dio la oportunidad de que fueran parte de nuestras y sus vidas. Y este es un detalle por el que si vale la pena echar un vistazo de vez en cuando al espejo retrovisor… de nuestra vida con nuestros particulares Reyes Magos.

Va por vosotros ‘papaíto piernas largas’ y ‘ la tía Nina’. Por cierto, si se os es permitido leer esta columna, deciros que nadie va pegando patadas a las bolsas de basura por la noche y que el ‘elvi-preli’, a pesar de ya no estar entre nosotros, continúa siendo el rey del rock’

Os quisimos, pervive en nosotros todo el cariño del mundo y jamás dejaremos de amaros, estéis donde estéis.

 

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