¿Los espíritus existen? ¿Son blancos y negros, buenos y… malos?

Hace ya algún tiempo que existe el rumor que en el Ambulatorio Virgen de Monte Toro de Mahón viven espiritus, almas que un día fueron mortales como nosotros, que posteriormente fallecieron en el centro hospitalario y que, una vez abandonado lo que nosotros denominamos cuerpo humano, sus almas estan condenadas a vivir (¿) en un limbo que no puede denominarse el cielo celestial pero tampoco responde a las catacumbas que dicen ser el infierno.

El asunto es que si ustedes, amig@s lector@s creen en cuestiones religiosas, se denominan cristian@s creyentes incluso practicantes de misa los domingos a las diez de la mañana, posiblemente extiendan sobre el tapete de la mesa del comedor unas cuantas razones que avalen sus tesis.

Puede ocurrir todo o contrario. Que ustedes amig@s lector@s no sólo se consideren ateos, sino que también cabe la posibilidad de que el ambulatorio en cuestión con sus probables faltasmas se convierta en más de una ocasión motivo de mofa y escarnio.

Nuestro respeto elevado a la potencia más alta para los unos y para los otros porque entre otros motivos, carecemos de datos que podamo haber contrastado. Personas de nuestra confianza que conocemos en las distancias cortas y, por tanto sabemos si hay que dividir o nultipicar sus juramentos al respecto, nos han contando experiencias y uno no sabe que pensar… pero déjennos que les contemos una vivida en primera persona. Cuando la hayan leído y filtrada por el criterio que los escritos que les contamos les ofrece, juzguen ustedes mismos…

Era febrero, un febrero cruel por lo de la climatología que nos hacía vestir modelo ‘cebolla’, unas cuantas capas de ropa para combatir el viento gélido y todas aquellas inclemencias adversas que ustedes piensen, se dieron cita sin invitación protocolaria. Salíamos del ambulatorio y para combatir la mala bonanza, decidimos acudir a inyectarnos en vena una dosis de café, a ser posible moldeado a catorce minutos de microondas. Bueno, más o menos.

Entramos en uno de los bares ubicados frente a al centro hospitalario, se encontraba iluminado muy tenuamente puesto que la tormenta había producido un corte del fluido electrico que imposibilitaba que el café nos fuera servido a catorce minutos de ‘micro’. La cocina a gas –si es que lo tradicional nunca falla- tomó carta de naturaleza y aceptamos el café como animal ‘quita-fríos’ de compañía.

Al fondo, en una semi penumbra que parecía prevista para filmar una pelicula lúgubre, alguien tapad@ hasta las orejas alzó su mano y nos indicó que nos acercaramos. Después de cruzar el topicazo del tiempo aquella persona muy seriamente se encojió tras su gabardina, apenas se le veían los ojos, pero se dejó oír de forma castrense:

– Sentaos, yo os invito… tengo algo que deciros.

Recuerdo que bromeamos pero el cuadro dibujado entre la climatología, la nocturnidad negruzca de las cinco de la tarde del invierno menorquín y la seriedad del (la) contertuli@, nos obligó a esconder nuestras brochas destinadas a compartir unas pinceladas que fueran entretenidas pero…

-Sé que habéis visitado a Antoni@ -nombre inventado, por supuesto- y que parecía estar bien, ¿no?

Los tres hermanos nos miramos y asentimos con la cabeza.

– Esta noche Antoni@ fallecerá. Me ha dicho que prefiere que os quedéis con un buen recuerdo de su aspecto físico. No volváis… no preguntéis… el sábado de 11 a 12 velatorio en el tanatorio… a las 12,30 horas funeral en el Carmen… no por favor, no preguntéis… así está ‘escrito’ (¿), está bien (¿), todo está bien…

No sabemos si estuvo bien o no, el caso es que no volvimos porque Antoni@ falleció de madrugada, velatorio y funeral se celebró tal y como aquella persona (¿) nos había anticipado. Ninguno de nosotros tres reconocimos al anunciante anónimo y para disipar dudas, nos acercamos a la barra para pagar los tres cafés.

– Los cafés estan pagados .– Nos informó la camarera.

-¿A quién tenemos que agradecer el detalle?

– No sé cuál es su nombre. Viene de tanto en cuando, toma café e invita a alguien. Después desaparece.

Decidan ahora ustedes si es un historia inventada, si es cierta o simplemente una fábula y de paso mediten por unos instantes si en el Hospital Virgen de Monte Toro hay espíritus o ‘okupas’. ¿Nuestra opinión?, sin comentarios.

 

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